lunes, octubre 16, 2006

Soledad

¿Qué es la soledad?
¿Por qué me acompaña?
¿Por qué a veces la busco y las más reniego de ella, la temo, la odio…. y otras la deseo, me consuela, me acuna, me protege…viviría siempre con ella?
¿Es buena la soledad?
¿Es mala?
¿Es, existe? O ¿Es solo una palabra que expresa un sentimiento? O ¿Es un estado?
¿Para qué sirve? ¿Acaso estar solo tiene una función especial que escapa a mi comprensión?
Por que, sé que a veces deseo convivir con ella, ser su amante. Y sé que entonces estoy bien, me siento mejor. Gano fuerzas. No hay nada que vaya contra mí y por tanto soy yo el ser más fuerte que existe, soy el SUPER. Pero, otras…. Joder! ¿qué sentido tiene ser, estar, vivir, nacer, morir, correr, sentir, comer, salir, volar, andar,… solo?
Y sin embargo todo tiene sentido. Cada momento de nuestra vida sea solo o acompañado tiene su propio significado, su propio peso, su propio valor.
La soledad puede ser buena, a veces, pero vivir con ella siempre será malo.
Somos animales sociables. Necesitamos de los demás para reafirmar nuestra identidad, nuestra propia existencia. Somos por que hay alguien más que nos identifica y con el interactuamos a través de cualquiera de los medios de comunicación que la naturaleza nos provee. O el hombre.
Cada paso que damos en nuestra vida ha de satisfacer una faceta de nuestro ser, ha de moldear nuestro carácter y aportarnos virtudes y defectos para acabar siendo nosotros mismos. Pero sin la intervención de otro solo somos un pez en el océano sin rumbo ni objetivo por alcanzar pues no tenemos un referente en el que basarnos un modelo en el que mirarnos. Y si lo tenemos y estamos solos,¡cuidado!, quizá haya que poner en duda nuestra cordura. Necesitamos de los demás para saber que existimos y por tanto no estamos solos. Por que al hombre no le gusta estar solo.
Incluso en el Génesis Dios dijo “No es bueno que el hombre esté solo”, y le proporcionó una compañera que hiciera con él el mismo viaje, que siguiera su mismo camino, pero juntos.
Si la separación es dolorosa ¿por qué se tiene la romántica idea de que la soledad es deseable y amable? Si duele quedarse solo, ¿por qué tenemos la falsa percepción de que la soledad no lo es?
Cuidado con la soledad, es egoísta. Te exige cada vez más que la mimes y que busques tiempo para estar con ella. Cada vez más tiempo.
Cuidado con despreciarla demasiado, quizá nos convenga retirarnos con ella en una aparte alguna vez y no sepamos tratarla adecuadamente, acéptala de buen grado cuando llegue y aprovecha las ventajas que te puede ofrecer, después simplemente vuelve al río humano y zambúllete en sus procelosas aguas. Aunque con ello no es seguro que dejes de estar solo. ¡Jamás estuve más solo que rodeado de una multitud!
Un dicho o refrán dice: mejor solo que mal acompañado. Puede que sea así. Yo no lo sé. Solo sé que no sé nada.
Solo sé que no quiero estar solo.

jueves, junio 08, 2006

El tiempo corre demasiado deprisa...


Hoy, como cada día, he paseado por mi ciudad y la he encontrado extraña y distinta. Tan cambiada que no he logrado reconocer los lugares por los que antes, no hace mucho, iba de la mano de mi madre a comprar el pan y la leche, aquellos por los que corría tras el carro del heladero mientras una voz me decía que tuviera cuidado, que no corriera tan rápido o podría caer y hacerme daño.
No es tanto por lo que haya podido evolucionar o modernizarse, ni que allá donde antes habían casitas bajas ajardinadas por delante y con un patio detrás, con macetas en sus ventanas y fachadas encaladas de blanco, ahora hay enormes bloques de pisos que bien parecen (al menos a mi) un insulto al buen gusto en los más de los casos.
No es, tampoco, el hecho de que las calles estén plenas de molestos, ruidosos y apestosos vehículos que a toda velocidad (bueno, la máxima que con el excesivo tráfico pueden alcanzar) circulan sobre los adoquines de granito duros e imperfectos, fieles representantes de aquellos políticos que ordenaron su colocación, o por esas otras calles que aun esperan una reparación de su asfaltado que llegará "muy pronto" (días antes de las elecciones municipales, como casi siempre).
Miro alrededor y no la reconozco, pero no es por que ahora los árboles, antes centenarios de ramaje destartalado en invierno y de frondoso verdor en primavera que había en ambas aceras de las calles anchas, hayan sido sustituidos por otros más escuálidos e indignos sucesores con la pretendida e insultante excusa de la senectud y enfermedad de aquellos, o que "serán más grandes, frondosos y hermosos" estos otros (ja, ja, ja, ja, como si no supiéramos todos que cuando cambie el color político del ayuntamiento todos nuevamente serán eliminados).
Ni por el hecho de que el número de comercios haya aumentado en número y en superficie, que no en buen gusto en su decoración, bien por defecto bien por exceso, sobre todo los de restauración [joder, casi tocamos a un bar o restaurante por cada 70 habitantes. (weno, vale, exagero. Pero juro que son demasiados.)].
Mi ciudad es otra, pero no es porque ahora en el bar de la esquina, allí donde los domingos en la mañana nos tomábamos unos churros con chocolate mi familia y yo y encontrábamos a otras familias, vecinos y conocidos nuestros, que tomaban un desayuno similar al nuestro, ahora encontramos un variopinto y multiétnico paisaje. Las caras son nuevas. Ya no hay churros. El dueño del bar es un marroquí que ha convertido la cafetería en una tetería. Los parroquianos no hablan castellano. Ya no entro a desayunar, no sabría que pedir y ni como pedirlo.
Donde antes estaba la panadería de la señora Juana ahora hay una carnicería árabe.
Donde estaba la tienda de ultramarinos del señor Andrés a la que iba con mi madre a hacer la compra (aún recuerdo aquellas tortas de chicharrones que a veces me compraba mi "amá" y que me iba comiendo orgulloso y con placentero gusto por la calle Madridejos hacia mi casa, eran tiempos donde la economía no estaba muy alegre pero algún caprichito me daban) ahora hay un restaurante chino-japonés al que vamos de vez en cuando y pedimos los sempiternos rollitos primavera y arroz tres delicias (aún no me veo comiendo sushi o como se llame).
En el restaurante de la esquina de la calle Ancha, ese que se llama "Restaurante Rey Luis XIV", que antes era una tasca donde iban los parroquianos a jugarse unas partiditas de dominó o de brisca a cinco duros la apuesta y tomarse unos chatos o unas cañas acompañados de una rica tapa de "manitas de ministro" en salsa picante (para quien no conozca son patas de cerdo en salsa, ¡riquísimas!) o unas "cabrillas" picantes (caracoles) o chotito en salsa o al ajillo (se me hace la boca agua...mmmm....), la variedad culinaria es increíble, moderna y exquisita, y el número de inmigrantes de diferentes nacionalidades y raza contratados como camareros es tal que los vecinos lo hemos rebautizado con el nombre de "Las Naciones Unidas".
Y sabéis qué. Todo eso carece de importancia. Quien puede negar que vivimos en una sociedad que va directa a la globalización (aunque les pese a más de uno. Esto, a mi modo de ver, es ya imparable.), que no es otra cosa que la puesta en común de unos intereses únicos, perseguidos por "seres humanos" donde las diferencias que aún nos separan desaparecerán o pasarán desapercibidas por aceptadas como parte del otro y por tanto de necesario respeto. Y ese interés no es otro que el de progresar y prosperar en igualdad con el resto de habitantes de la parte rica del planeta. Y...
Pero no es por nada de esto por lo que siento que mi ciudad ha cambiado, que no es la misma.
Creo que es por que yo tampoco soy el mismo. No soy el mismo de aquellos años que ahora rememoro con cierto cariño. Al comparar aquella estampa con esta otra....
Joder! El tiempo corre demasiado deprisa... que alguien lo pare, por favor.

sábado, mayo 06, 2006

Vivimos tiempos curiosos

Cada vez comprendo menos esto.
Creo que la vida va tan veloz que me quedo atras, me sobrepasa.
Cada mañana me levanto pensando en ¿qué novedad habrá hoy que me sorprenda y me deje aun más rezagado.
Los avances tecnológicos que cada día aparecen hacen que los de ayer ya sean antiguos, desfasados, casi inservibles, y nos invitan descaradamente a su compra, a su obtención indiscriminada y perentoria por que si no los conseguimos ya no estamos a la última y por tanto somo obsoletos.
Las comparaciones siempre fueron odiosas y sin embargo cada día nos enfrentamos a ellas con los amigos, con los que no lo son, con los compañeros de trabajo, con nuestra familia. Con cada uno de ellos comentamos el último aparatito que ya hemos adquirido al precio INCREIBLE de xxx €. Esta tirado teniendo en cuenta que tiene, que hace, que da, que toma, que ... Qué mal vamos. Hemos confiado nuestra felicidad, nuestro disfrute, a unas maquinitas que siempre han de ser las últimas, las más in del mercado.
Yo hace 3 años que tengo el mismo ordenador. Sólo le amplié un poco la memoria y le puse hace ya.. un nuevo disco duro. Y ya está. No necesito más. Y sin embargo ¿porqué demonios creo que estoy obsoleto,viejo y anticuado? ¿Si para aquello a lo que dedico esta máquina no necesito más, porqué tengo la creencia o el sentimiento de que necesito más?
Junto al spot publicitario de un nuevo engendro de la tecnología vemos el de las ONG's con imágenes que día a día se superan en crudeza para realzar las miserias y removernos en nuestros cómodos sillones. Pero no pasa nada, eso que vemos ahí también es ficción ¿no?. A fin de cuentas son sólo imágenes, ¿qué podemos hacer nosotros?. Espera.. Fijate que nuevo coche ha sacado la Renault. Que wapo. ¡Joer!
¡Pufff!
A vueltas con la tecno la vida de otros no existe.
Con la que está cayendo y nosotros pensando en un nuevo móvil 3G, en un nuevo lector portatil de MP3, con más capacidad y más funciones, en más....
Si. Creo que vivimos tiempos curiosos.